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La culpa es de los maestros

Martín Tonalmeyotl*

Fotografía: Autor

He escuchado de una familia en Atzacoaloya que solo habla náhuatl, por tanto, sus dos hijos solo hablan este idioma. Ellos, confiados en la escuela, mandaron a sus hijos al kínder bilingüe de la comunidad. Los maestros de esta institución, al igual que la mayoría de los padres de familia jóvenes, opinan que esta familia está mal porque sus niños no hablan español. La gente opina que está bien que estos niños sean los únicos quienes sepan hablar bien el náhuatl pero que deberían de aprender a hablar el español porque no lo saben. Quizá los papás no, pero los niños están obligados a hacerlo.


Por los dos niños monolingües, ésta institución educativa se enfrentó a un gigantesco problema, mejor dicho, tuvieron esta dificultad durante la estancia en el kínder, una vez que egresaron, las maestras y maestros volvieron a respirar el aire fresco del español. Durante su estancia en el kínder, los docentes detectaron que, si a estos niños no se les instruía en náhuatl, ellos no llevaban a cabo ninguna actividad, no porque fueran flojos o tuvieran alguna discapacidad mental o física sino porque simplemente no entendían el español, porque los maestros, a pesar de laborar en un kínder bilingüe, a los niños les hablan solo en español, una que otra palabra en náhuatl y si es que, algún canto. Debería de ser al revés, pero eso no sucede ni en Atzacoaloya, ni en todos los rincones de México donde se habla alguna lengua originaria, todas las clases e indicaciones se dan en español, a excepción de unas cuantas escuelas que se podrían contarse con los dedos de las manos en donde todas las clases se llevan a cabo con la lengua de la comunidad. De ahí todo es en español, independientemente del tema a tratar.


Por lógica un kínder bilingüe, o una primaria bilingüe deberían de impartir sus clases en lengua náhuatl, quizás por su formato bilingüe, la mitad de la clase en náhuatl y la otra mitad en español, siempre y cuando los escuchas, en este caso niños y niñas, entiendan este idioma. Pero no es así, el náhuatl es visto como una materia más, solo se enseñan algunas palabras, saludos y a escribir en la clase de lengua materna.

Ahora soy padre de familia y mi hijo va a este kínder bilingüe, la conserje solo habla español y todos le tienen que decir buenos días porque es quien abre y recibe a todos los niños. Todas las mamás y papás que van a dejar a sus hijos saludan en español a las maestras y maestros, ellos contestan en español y saludan en español, yo les saludo en náhuatl y les contesto en náhuatl, solo dos maestras me hablan en este idioma, los demás creo que huyen de mí para no hablarme.

En uno de estos días le pedí a la maestra de mi hijo que por favor le hablara y diera indicaciones a mi hijo solo en náhuatl porque mi hijo entiende todo y puede incluso hablar, pero le da un poco de pena porque todos los niños hablan solo en español. Una madre de familia me escuchó decir eso y se fue contra mí, diciendo que estaba mal al hacer esa petición a la maestra, que su niña es monolingüe nahua y justo lo manda a la escuela para que le hablen en español y aprende este idioma. Le quise contestar, pero la maestra tomó la palabra y dijo encargarse de que su niña aprenda el español y también el náhuatl, que los dos idiomas son igual de importantes.


Regresando al “problema” de los dos niños monolingües nahuas, ahora estudiantes de la escuela Primaria Bilingüe Cuauhtémoc, los nombres de estos niños siguen zumbando en los oídos de los maestros y maestras, también en la boca de algunos niños y padres de familia porque a estos pequeños, sino se les explica en náhuatl las actividades a realizar, ellos no hacen nada porque no entienden el idioma del profesor. La queja es de los maestros hacia estos niños que según están mal porque los dos hermanitos solo hacen las actividades si les hablan en náhuatl y los maestros se enojan porque dicen que es como darles clases especiales a estos niños, que deberían de ser como los demás a quienes se les imparte las clases en español y entienden todo, incluso, comienzan a leer en español, pero estos niños no lo hacen y no lo saben porque no pueden pronunciar este idioma. Para los maestros es un gran problema porque la única manera de que estos niños aprendan es que se les explique todo en lengua náhuatl y según ellos, eso es un trabajo extra que hace atrasar las actividades de otros niños. Y sí, pareciera que el problema son los niños porque son los únicos que no hablan el español, todos los demás si lo entienden o lo hablan, mejor dicho, la gran mayoría solo habla español, muy pocos entienden y solo dos o tres niños son bilingües.


Los maestros insisten que el problema viene de los padres porque no aprenden el español y este problema se refleja en sus niños, por eso tuvieron una calificación muy baja en el kínder y ahora, la situación sigue igual. La verdad es que el problema, no viene de los padres ni los niños, ellos solo están ejerciendo un derecho universal que es el hablar en su propia lengua y por las luchas que ha habido en el último siglo, también está el derecho de que sus hijos puedan ser educados en una escuela bilingüe en donde se les hable y enseñe en su idioma nativo, cosa algo difícil para los maestros bilingües quienes no quieren hablar en sus idiomas y muchos de ellos ya no lo entienden o se resisten a hablarlo. Pareciera entonces que el problema son los maestros y no los niños, sí y no. Si porque ellos deberían de enseñar en la lengua náhuatl en un espacio educativo bilingüe y no dar la preferencia al español como lo hacen ahora. No porque ellos vienen de un sistema de castellanización y lo que hacen es justamente lo que se les fue enseñado por el Estado, sin dejar de lado que los maestros bilingües recibieron toda su educación en español, independientemente de la escuela en donde hayan estudiado.


Entonces podríamos entender que el sistema educativo está muy mal planteado y esto lo podemos reafirmar con algunos análisis hechos por la activista y ensayista ayuujk Yásnaya Elena Aguilar Gil en su libro: Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística (Almadía/Bookmate, 2020), creo que toda maestra y maestro debería de tener y leer este libro, y por supuesto, todo funcionario público que por cierto, no leen.

Ahora ¿a quién le echamos la culpa? Si el Estado es el culpable, podríamos quedarnos esperando que haga algo para cambiar esta dinámica educativa, pero se sabe que esto no va a cambiar si nosotros no hacemos absolutamente nada, la única manera de cambiar nuestra situación y sistema educativo es haciendo las cosas por nosotros mismos. Los maestros quienes están frente a grupo deberían de saber esto, pero no lo saben porque la mayoría no lee, y si lo saben y aun así no hacen nada, entonces, solo se están haciendo los tontos.

Y dicho de paso todo está mal, los materiales que se usan en estas escuelas vienen en español, y los libros de textos escritos en náhuatl se explican en español y no en la lengua en la que están escritos.


Ahora, cuál sería la respuesta a esta mala educación que se lleva a cabo en muchas y la gran mayoría de las escuelas primarias bilingües, creo que se tendría que replantear de nuevo, el sistema educativo que recibimos, se tendría que reformar la educación y formar a nuevos maestros que atiendan a estas necesidades desde las lenguas y las culturas en la cual nos desempeñamos. Por supuesto, debería de haber cursos de actualización permanente en donde los maestros se puedan formar con una nueva ideología, el de no exterminar la lengua heredada de nuestras comunidades, el curso debería de ser totalmente en náhuatl, por ejemplo.

Y ¿qué pasaría con los maestros que no hablan náhuatl y están frente a grupo en una escuela bilingüe? Con todo el dolor de mi corazón, primero no deberían de aceptar estas plazas porque lejos de ayudar a nuestras comunidades hablantes, los están hundiendo en la miseria ideológica, quitándole primero su identidad lingüística, quizá la más fuerte e importante dentro de las comunidades vivas, en caso de que aceptaran estas plazas bilingües, deberían de estar en un curso permanente de aprendizaje de este idioma, y si no quisiesen, por ética deberían de renunciar y dedicarse a otra a actividad y no estar de maestros en un lugar donde no les corresponde y no llevan a cabo el trabajo que deberían de hacer. Lástima de muchos a quienes no les gusta la lectura, porque si me leyeran ahora mismo, quizá se enojarían conmigo, pero quizá también, voltearían atrás, a mirar a sus niños que han educado y si lo han hecho mal, quizá aún lo puedan remediar con los niños del presente. Y para los que sí lo hacen y luchan porque nuestra lengua y cultura permanezcan vivas, no nos queda más que ofrecerles nuestro más sincero reconocimiento.

Por ahora, sigue siendo lamentable que más del 80% de los hijos de maestros bilingües no hablan ni entienden la lengua de sus padres, ahí no se le puede echar toda la culpa al Estado porque la primera escuela de los niños es el hogar y en segunda instancia, la escuela instaurada por el gobierno.

El caso de estos dos niños monolingües nahuas, señalados por muchos dedos como algo negativo, debería de ser la fortaleza más grande en los maestros para corregir un sistema educativo mal hecho.


* Escritor en idioma náhuatl

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