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Fiesta de la Gente-Ratón

Updated: Jul 15, 2021

Anya de Leon*




Subir a La Montaña de Guerrero, implica observar sobre todo porque la neblina puede distraer a los ojos e inadvertir el camino. Las cuatro horas que tarda el recorrido por una estrecha carretera de terracería se disuelven en cortinas de lluvia al otro lado del paisaje, unos rayos de sol penetrando apenas las nubes y múltiples tonalidades verdes que se confunden en la sombra.


En las orillas del camino, algunas casas de madera pintadas con aceite quemado tienen mesas amontonadas de frutas en venta, los pollos picotean la tierra roja, un cerdo reposa debajo de una pequeña troja de madera donde se guardan las mazorcas de maíz, más adelante una niña camina y dirige a sus borregos de patas enlodadas.


En la entrada del pueblo de Zilacayota, un grupo de jóvenes con gorras y camisas en las que se alcanzan a leer las siglas y el símbolo de la policía comunitaria: CRAC-PC. Esta comunidad con apenas 800 habitantes habla en su mayoría el idioma mè´phàà. Este municipio forma parte de Acatepec, territorio con un índice muy alto de pobreza, marginación y analfabetismo.


Acatepec es considerada la comunidad más antigua de la región y se afirma que fueron los yopes-tlapanecos quienes la fundaron. Gracias a las características de la región, la agricultura y la ganadería predominan en este territorio, sus habitantes cultivan principalmente maíz, frijol y calabaza para el autoconsumo, pero también hay una fuerte presencia de cultivos de amapola.


Visité la comunidad de Zilacayota el viernes 14 de junio de 2019, para presenciar una ceremonia poco usual, dedicada a los ratones. La Fiesta del Ratón gira entorno a los fenómenos naturales y animales relacionados con la agricultura. Cada año, autoridades del pueblo y sus habitantes, los mbo matha yúwàa/gente de la cabalaza1, dedican hasta 2 días para celebrar con los invitados de honor, a quienes nombran “gente-ratón” y se les considera “vecinos de monte”, en una relación hombre-naturaleza, comparten alimentos, bebidas, música, baile y entorno. 2

Esta festividad se celebra con la llegada de las lluvias, el día lo determinan los principales y las autoridades del pueblo. La celebración consiste en dar de beber, comer y bailar con los ratones y tiene como finalidad expulsar a estos y otros animales dañinos que pueden perjudicar al cultivo comiéndose las semillas3.


Se podría decir que los preparativos para el evento comienzan días antes, cuando se ponen trampas cerca de las milpas: los que caen en ellas serán los invitados principales; en aquella ocasión hubo lagartijas, ratones y un armadillo. Cuando al fin los animales son atrapados, los xi’ña/abuelos rezadores llevan a cabo rituales dedicados a la deidad Xtóaya’, en los ojos de agua (nacientes de aguas subterráneas), es así como inician los rituales propios de La Fiesta del Ratón.

El sábado 15 de junio los xi’ña, el comisario y otros miembros del pueblo bajaron del manantial para dirigirse a la iglesia. Cargados con cubetas en las que transportaban a los invitados, collares de flores amarillas y otros elementos que usarían en la ceremonia, asistieron a una misa y después caminaron hacia la comisaría del pueblo.


En el patio, los xi’ña sahumaron a todos los participantes, a los collares de flores y a los bastones de mando de las autoridades y principales de la comunidad, mientras el pueblo se reunía alrededor. Una fila de aproximadamente veinte hombres recibió en sus cuerpos el humo aromático del sahumador, durante unos minutos una niña acompañada del abuelo rezador ayudó con una parte del ritual. La niña es una representación del bastón de mando, símbolo de autoridad que usa el comisario del pueblo. El abuelo continúa cantando y rezando en mè´phàà.

Termina esta parte de la ceremonia y todos subimos al comedor comunitario, a la entrada nuevamente se encuentra la policía comunitaria, en una mesa grande donde todos conversan. Entramos a un salón donde ya están dispuestas otras mesas y sillas, frente a una mesa aún más grande de madera donde se enuncia “Xàpa Gamaku Matha Yúwàa4, es la mesa de gobierno desde la que se recibirá a los invitados, también tiene tallados algunos motivos como la guía de calabaza. Sobre la mesa se pusieron más collares de flores, velas, y recipientes con comida. Allí se sentarán las autoridades, el comisario y los xi’ña.

Tomé asiento y en algún momento me sentí fuera de contexto, era yo la única mujer en aquel salón lleno de murmullos en otro idioma, y además apuntaba con una cámara fotográfica. Por un instante temí incomodar la tranquilidad de aquel recinto con el eco de mis disparos, pero nadie se inmutó, y continué fotografiando a los presentes.


Comenzaron a servir la comida, un pozole de granos muy grandes de maíz, acompañados de una salsa roja y pollo en hebras. También ofrecieron bebidas como refrescos, cerveza y aguardiente o chilote. Salí de aquel salón para ver de dónde venían los platos, y allí estaban las mujeres, alrededor de grandes ollas, sirviendo la comida5. Dentro del salón las manos pasaban la comida en abundancia, uno podía no pedir y aún así te servían otra tanda. El ambiente comenzaba a animarse, los hombres estaban felices, platicaban entre risas, aguardiente y cerveza.


Una vez terminados los alimentos, un abuelo rezador y los otros miembros de la mesa principal comenzaron a presentar a los invitados y hacerlos partícipes de nuestra alegría, con comida, bebidas, y sin olvidar su respectivo collar de flores amarillas, sagradas, cada animal, ratón y lagartija, fueron sostenidos por el abuelo rezador y presentados ante los platos de pozole de ayocote, también les convidaron cerveza, alcohol de caña y Pepsi cola. Las diminutas bocas eran sumergidas en sendos platos y botellas, que las ahogaban en exuberancia.

Las pequeñas garras trataban de liberarse de las manos de sus anfitriones, pero sus cuerpos manipulados bailan y se enreden entre los cordones. Sobre la mesa de madera, entre velas y rezos, los invitados danzan y mueren. Algunos aún con un hilo de alma se limpiaban las patitas y se acicalaban el pelo, mojado de aguardiente, se emborrachaban.

El xi’ña, va tomando cada cuerpo y lo alimenta, le habla en mè´phàà y le persuade a respetar y no comerse los brotes tiernos de la milpa, le pide que no arruine la cosecha. El animal pasa de mano en mano hasta que ya con cordón en el cuello y un pequeño collar de flores, termina en una última mano, quien como a un títere lo llevará por todo el pueblo. La sangre que brote de estos animales, algunos aún vivos, azotados contra el piso en un intento de baile, aplastados accidentalmente entre los pies de sus gigantes anfitriones, se confundirá sobre la roja tierra de La Montaña.


Todos los asistentes bailarán en el patio principal, que da a la comisaría y el comedor comunitario, después recorrerán el pueblo, visitando algunas tiendas en busca de ofrendas: más refrescos, cervezas, alcohol de caña, dulces, fruta, cualquier alimento es bienvenido. Bailarán con el ratón para que los cultivos crezcan copiosamente, para que nadie se los coma antes de dar el primer respiro sobre la tierra.


Los invitados dando y convidando sorbos de aguardiente, se llenan de alegría y música de banda. Una celebración anticipada para la que se espera sea una cosecha abundante. Después del trayecto alrededor del pueblo, la “gente-ratón” y “de la calabaza” bailarán hasta el atardecer, para después regresar al comedor comunitario a seguir celebrando. Los cuerpos de los invitados se conservarán, igualmente cada pétalo sagrado de los collares que todos portaban, para ser enterrados en el último ritual de la fiesta de la “gente-ratón”, quienes se convertirán en el espíritu de la milpa, en el guardián del monte.


*Anya De León, es comunicóloga por la UNAM, estudia la maestría en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Sus temas de investigación abordan las posibilidades de intercambios culturales, en la actualidad desarrolla el tema de la identidad transcultural en la poesía de autores indígenas contemporáneos. Su serie de podcast Jóvenes poetas bilingües: idiomas originarios-español fue seleccionado en la convocatoria “Contigo en la distancia: Movimiento de Arte en Casa” de la Secretaría de Cultura. Es correctora de estilo para el proyecto Gusanos de la Memoria y del libro Mbo Xtá ridà/Gente piel de Hubert Matiúwàa, próximo a publicarse bajo el sello del mismo proyecto.


Citas

1 Nombre originario en lengua mè´phàà de los habitantes de Zilacayota.

2 Ramírez Soriano (1998), “La vida entre los tlapanecos”, tesis de maestría en Ciencias Antropológicas, Universidad Veracruzana.

3 Dehouve, Daniel (2012), “Los ritos de expulsión de los tlapanecos”, Revista Dimensión Antropológica, Año 19, Vol. 56.

4 Mesa de respeto de la gente del pueblo de la calabaza.

5 Me gustaría mencionar que noté mínima presencia femenina en la fiesta, pues yo era la única mujer participando en ella. Algunas mujeres ayudaron a servir la comida (y éstas eran las esposas de las autoridades), pero no se sentaron a la mesa con nosotros, tampoco participaron en los rituales, a excepción de la niña que ayudó al xi’ña a sahumar a las autoridades. Al principio, esto me causó desconcierto y emití un juicio de valor, mismo que en esta narración no compete discutir, principalmente porque considero que mi posicionamiento ético inicia cuando estoy consiente de que no conozco las dinámicas sociales, culturales y de roles de género de esta comunidad, porque soy ajena a ella. Por lo tanto, mi juicio en este momento es irrelevante, en todo caso es mejor escuchar a mujeres de comunidades originarias que actualmente están haciendo reflexiones pertinentes entorno a sus contextos y los estudios de género.



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